La bendición de ser misericordioso

La bendición de ser misericordioso

Proverbios 11:17 – A su alma hace bien el hombre misericordioso; Mas el cruel se atormenta a sí mismo

Pensamiento: Cuando hacemos lo bueno nuestra alma se regocija. El hacer mal hiere el corazón del hombre.

Como cristianos, hacemos todo para su gloria. Bueno, en realidad, deberíamos hacer todo para su gloria. Eso quiere decir que al final del día no debemos hacer nada para sentirnos bien, para gloriarnos o para alcanzar el provecho propio. Por otra parte, hay una realidad que es humana, cuando hacemos el bien hay un gozo que alimenta nuestra alma.

A veces, se nos olvida que nosotros somos imperfectos. De hecho, somos tan imperfectos que todos somos exitosos porque alguien nos ha mostrado misericordia en algún momento y hemos sido ayudados. Yo lo digo de esta manera: Todos somos una tortuga en un poste. Si alguna vez ve a una tortuga sentada sobre un poste, tenga por seguro que alguien la puso ahí.

De igual manera, todos somos el resultado del bien de otro. Por tal razón, antes de decidir no mostrar misericordia, debemos recordar y agradecer la misericordia que alguien ha tenido para con nosotros. 

La Biblia nos enseña en este pasaje que el hombre que decide mostrar misericordia hace bien a su alma. Hay un regocijo sin igual en hacer lo correcto. Pero, cuando decidimos irnos por el camino de la crueldad y tratar de herir a alguien porque pensamos que se lo merece, terminamos siendo nosotros mismo atormentados.

¿Se imagina si Dios fuera así para con sus hijos? Sin duda, llega el momento donde necesitamos ser reprendidos, pero quiero invitarle a ser como Dios: “Tardo para la ira y grande en misericordia”.

Busque a alguien a quien extenderle otra dosis de misericordia hoy. Quizás a un amigo, a un compañero de trabajo, a un empleado, a su cónyuge o a su hijo. Dios es misericordioso y nuestro corazón se regocija en que lo seamos nosotros también. 

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